siLeNcIoSa pErPlEjIdaD

labios-rojos

La mudeza había llegado, y para despejar cualquier tipo de dudas había empezado por arriba. Dispuesta a ocupar lugares insólitos, primero habitó el terreno de las ideas, luego los espacios vocales, más tarde los orificios de la respiración y, casi en un suspiro, había llegado al pecho. Esa mañana, los sonidos de la perplejidad.

Desde hacía un tiempo había dejado de contemplar la cautela del disimulo y caminaba ocupando los trazos del silencio. Esa mañana, los sonidos de la perplejidad.

Como en las peores intoxicaciones, como en los resfríos más profundos y como en los pedaleos más agobiantes; el final detonó con un gesto de imperceptible simpleza. Quizás porque la ingenua sospecha de la continuidad aparece a veces con forma de tostada.

Esa mañana, los sonidos de la perplejidad.

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1 Response so far »

  1. 1

    Nano said,

    Uno triste.
    Esta bien.
    Abrazo!


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