80 días

 

En las páginas de sus relatos, las bicicletas habrían ocupado casi un papel protagónico.

Verdes o rojas, juntas habían acompañado la risa de maneras irreproducibles y sentaban fiel testimonio de muchos de sus viajes.

Gitaneo: Dícese del amor por la vida nómade. Gerundio que remite a los modos de andar de los gitanos. Ver gitanos.

Gitanos: seres que suelen cargar polleras, pañuelos y bártulos innecesarios a donde quiera que vayan.  

Prontos a salir, solían cargar las parrillas de objetos gigantes que transportaban de  una punta a otra de la ciudad. Entre maniobras y bocinazos, el desparpajo incluía cajas, libros, ropa, mochilas y dos cepillos de dientes que en ocasiones suplantaban con ordinarios dedos índices.

Para quienes contemplaban su pasar, el espectáculo era francamente absurdo, tanto como su caprichoso deseo de amarse para siempre.

Una noche los vieron pasar en colectivo, y eso desorbitó a algunos. No por el medio de transporte sino por la cama que llevaban entre sus brazos.

Escondidos detrás de una marquesina con alguna mujer bonita de labios carnosos y jeans ajustados, escondieron cuidadosamente las cuatro tablas de madera que traían consigo. 

-“Buenas noches”.

Pagó su boleto y de la manera más oronda subió las escaleras.

Detrás venía él, con ojos que suplicaban no perder la seriedad y pedían de rodillas vivir eternamente de aquella manera.

-“No, no, no. ¿A donde van con eso?”

-“A nuestra casa, es lo último que nos queda, no nos diga que no”.

Se cerraron las puertas, el chofer puso primera y pisó el acelerador. Cada paisaje que veían desde la ventana en movimiento les recordaba que la idea romántica del transcurrir era típicamente gitana y eso los excitaba casi tanto como encajar anatómicamente sus cuerpos.

Él tenía una forma peculiarmente estadística de decir las cosas. Sus frases remitían a porcentajes y escalas que plasmaban la razón de su existencia en lo cotidiano de la vida. Cada palabra salía en puntas de pie, como si a cada una pudiera corresponderle un insoportable retruco. Ella era una empedernida fanática de las victorias y hubiera sido capaz de cualquier idea con tal de levantar los brazos en V y festejar sus triunfos a carcajadas. Él la miraba con expresiones de resignación y cariño, mientras mordía sus labios y zigzagueaba su cabeza de un lado al otro.

En ocasiones cuestionaba los modos gitanos de su andar, pero durante el breve instante que le seguía, la abrazaba llenándole la cara de besos. Ella lo agarraba con fuerza y le lamía los ojos burlona y apasionadamente.

Pasaban de la risa al llanto, del principio al fin y de lo eterno a lo efímero.

Las peleas que tenían a diario les ayudaban a perder en sensatez lo que ganaban en dolores.

Lo que hasta antes de conocerse había sido un acto de copulación dulce pero teñido de costumbrismos, desde ese momento había pasado a ser una escena digna de las películas del cine porno, pero del tierno. 

Su pareja pasó a liderar el ranking oficial de record guiness de reencuentros. Su mayor preocupación consistía en acumular historias para ser contadas a los nietos algún domingo de melancolías.

Al terminar sus ruidosas mudanzas, solían tirarse en la cama y pasar horas contemplándose con deseo.

 “Voy a quedarme 80 días con vos”.

Ella lo miró y supo que a partir de ese momento la idea romántica y gitana de la vida los había abandonado. Él la abrazo como siempre, como nunca. Juntos se durmieron y se recordaron en silencio que la distancia entre sus cuerpos sería tan lacónica como absurda.

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1 Response so far »

  1. 1

    Sirocco said,

    Quizás tenga un secreto que puede desbarajustarle su final: Los gitanos jamás (y digo: jamás) se quedan en un lugar. Nunca abandonan su esencia caminante. Incluso sus palabras pueden parecer una ilusión óptica de quietud, pero en realidad es un desequilibrio armónico …que la gitana desconfíe de ese gitano que le dijo que se quedaría 80 días. Porque en realidad, como Julio Verne, quiere dar la vuelta al mundo. Su cronograma de viaje: 7 días en barco por las aguas profundas de su mirada gitana,profunda y caminante, 13 días caminando por esa sonrisa que ilumina hasta un pozo de sombras, 3 días a cuerpo tierra por el dulce mar de sus caderas, 13 días navegando por su espalda que es como un río caudaloso, donde se descubren más cauces y nunca es el mismo, 6 días recorriendo su cuello que es como un puente fino, suave e infinito que une los pensamientos, el alma y el cuerpo, 22 días sin salir del bote de la laguna de su corazón tan gigante, tan bella, que prefirió tirar los remos y quedarse allí, pero su alma viajera era muy inquieta y entonces cayó al mar de sus abrazos y nadó durante 7 días más…9 días quedaban para dar la vuelta al mundo a esa gitana. Pensó que allí terminaría la travesía…atravesó el bosque de sus entrañas, corrió entre los árboles de su sabiduría, y pensó que ya había dado la vuelta al mundo. Poco sabía. Al terminar el itinerario comprendió que ese mundo es tan hermoso como vasto, que para disfrutarlo no alcanzaría la vida entera para recorrerlo.


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