Así de torpe no, Rev! Estoy cansada de explicarte como me gusta que me toques. Harta de señalarte los puntos que debes acariciar para que gocen mis más minúsculos rincones. Y es que a caso no sabes hacerlo?!
Cada mañana al despertar, ella sentía un incontenible deseo de sentir placer, una sensación casi desesperante por gozar de cualquier manera. Ni el trabajo, ni los trámites, ni las urgencias más urgentes podían frenar aquella sensación que atrapaba a esta delgada mujer de piel rugosa en cada asomar del sol. Era una insaciable necesidad de saciedad de amor.
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